Giovedì 19 d’aprile, presso la libreria dell’Università Francisco de Vitoria, Teresa Rodríguez Vega, redattrice del programma Europa 2017 della Radio e Televisione Spagnola, mi ha posto alcune domande su Stefan Zweig.

L’intervista è stata amplia e interessante. Qui di seguito ne riporto la trascrizione completa:

Zweig escribió que su patria era Europa. ¿Se le puede considerar un europeista (tal como lo entendemos hoy día), un pionero o un visionario? ¿En qué medida se han cumplido sus expectativas sobre Europa? 

Zweig era europeista porque veía en el humanismo europeo, desde Erasmo hasta sus contemporáneos como Romain Rolland, su propia tradición. Compartía plenamente la tesis de Nietzsche que en Más allá del bien y del mal denunciaba la insania de los nacionalismos y de los políticos “de mirada corta y de mano rápida” que con sus proclamas nacionalistas ocultaban la verdadera tendencia de todos los grandes hombres europeos (artistas, literatos y también políticos) que querían una Europa unida.

Zweig recuperó esta tradición y, quizá más claramente que otros, empezó a trabajar para dar a la unidad europea una forma concreta sobre el modelo de la Sociedad de las Naciones de Wilson.

Fue también un visionario porque, por ejemplo, en una conferencia que impartió en 1932 en Roma, propuso de manera muy clara lo que llegó a crearse solo 50 años después en 1987 con las becas Erasmus.

Creo que sus expectativas sobre Europa se han cumplido desde un punto de vista político, comercial y económico, es decir, lo que se consiguió con los tratados de Roma de 1957 y con el tratado de Maastricht de 1992. Quizá opinaría que queda aún mucho por hacer por recuperar y poner en valor el verdadero fundamento de la unidad económica y política, es decir el patrimonio humanístico del arte y de la cultura europeos.

También escribió que “el nacionalismo es la peor de todas las pestes”. Esa frase ¿solo se explica en el contexto de aquel momento (preguerra) o tiene traslación al momento actual?

Esa frase se puede trasladar a todas las épocas de la historia porque el nacionalismo y el comunitarismo, su contrario, son a la política lo que el egoísmo y el altruismo son a la vida de cada uno de nosotros. Para Zweig, nuestra vida y la vida de cada país se mueven en constante tensión entre estas dos fuerzas. Para que la humanidad progrese y sea creativa hace falta tanto la tensión nacionalista como la supranacional: la una tiene que moderar a la otra. El problema se da cuando la tensión nacionalista toma todo el protagonismo.

Hoy en día las tendencias nacionalistas tienen el peligro de dominar la escena política de muchos países europeos. Si esto pasara implicaría el fracaso del proyecto común europeo y, según Zweig, un paso hacia atrás en la historia de Europa.

¿Qué actualidad tiene su obra? ¿A qué se debe su repercusión?

Zweig fue el autor más traducido y más leído en el periodo entre las dos guerras mundiales. Sin embargo, después de 1945 y hasta hace más o menos 3 o 4 años, fue considerado un autor menor – aunque nunca fue del todo olvidado, sobre todo en Europa (hubo un breve revival después de la segunda guerra mundial, un revival en 1981 por el aniversario de su nacimiento, y téngase en cuenta que se han rodado más de 70 películas basándose en sus novelas). Hoy en día, sin embargo, asistimos a la que se ha llamado una Zweigmania prácticamente en todo el mundo.

Para comprender este resurgimiento hay que entender en primer lugar el porqué de su marginación en los últimos 70 años: el mundo de la post-guerra quería mirar hacia delante, la palabra clave era cambio, progreso, innovación. Zweig no encajaba con todo esto porque se le veía como un hijo más del 800 que del 900, un humanista que tenía como modelos a Victor Hugo y a Goethe, alguien que miraba con cariño al viejo imperio austro-húngaro. Bien, ese afán por alcanzar el futuro que nos hacía bastante impermeables a Zweig ha sido interrumpido por la crisis económica por un lado y por los grandes conflictos sociales internacionales por el otro (terrorismo y refugiados). Estos acontecimientos nos han despertado otra vez el interés por el mundo de ayer, que ya no nos parece tan extraño. Y Zweig es a la vez narrador de ese mundo y trágico protagonista de su fracaso.

Cuando además el orden del mundo exterior, del mundo político, se quiebra, normalmente la gente vuelve a buscar respuestas en su interior, en la que Goethe llamaba la “ciudadela interior” o Montaigne llamaba su “yo interior”, y que Zweig describió, analizó, indagó, y puso de manifiesto en todos sus escritos con una precisión psicológica digna de Freud, su gran amigo.

Por último, todo este interés fue evidentemente acelerado por la película de Wes Anderson El Gran Hotel Budapest de 2014 (ganadora de 4 oscar y nominada a 9 en 2015) y que está inspirada en los escritos de Zweig.

En su momento fue criticado por no criticar abiertamente a la Alemania de Hitler. Él explicó ampliamente cuál creía que debía ser la función del escritor y del artista, pero, ¿se equivocó? ¿Cuál es su opinión?

No, no creo que se equivocó. Él consideraba que la verdadera fuerza del escritor y del artista consiste en custodiar y proteger lo que hay de universalmente humano en el hombre. Es decir, el arte, en todas sus formas, tenía para él que desvelar la verdad de las cosas y, en primer lugar, la verdad del hombre, de cada uno de nosotros. De ahí sus muchas biografías de aquellos hombres en los que – según él – se hacía más evidente quiénes somos. No le interesaban los héroes de la historia político-social, sino los héroes de la historia de la cultura: Erasmo, no Lutero; María Stuart y no Elisabeta; Castellion y no Calvino.

Zweig, en el medio del periodo más oscuro y deshumano de nuestra historia europea, siguió dando testimonio, por medio de los protagonistas de sus novelas, con sus ensayos y con sus biografías, de qué es lo que constituye la grandeza del hombre. De ahí su amor por la paz, su rechazo del totalitarismo, sus ideales europeos. El suyo no es, ni nunca ha sido, un problema político, sino humano. Sus páginas son un claro rechazo y una crítica muy profunda a la Alemania de Hitler y a todos los regímenes totalitarios. Basta con saber leer. Los nazis lo sabían y por esto no solo prohibieron todos sus libros, sino que los quemaron.

Sobre su suicidio, ¿malestar consigo mismo? ¿desesperación por la situación del mundo?

Su suicidio fue un acto desesperado de coherencia extrema con sus ideales. Zweig había luchado a lo largo de toda su vida para una fraternidad universal entre los hombres, un ideal que evidentemente la guerra eliminó de un plumazo. Entre la muerte y la barbarie, Zweig prefirió la muerte. Lo dijo claramente: «lo que yo temo más que a mi propia muerte es la guerra de todos contra todos y esto está aconteciendo por segunda vez».

Para Zweig, durante la primera guerra mundial la fuerza de la palabra era todavía eficaz, es decir, los intelectuales tenían todavía un peso y un margen de maniobra para llamar a la paz y a la fraternidad. Con la mentira planificada, con la propaganda política de la segunda guerra mundial, todo esto desapareció y, con ello, la tarea del intelectual. En un mundo donde las palabras no tienen significado ya no había sitio para él.

¿Qué paralelismos podemos encontrar entre su análisis histórico y la situación actual en Europa?

Algunas de las reflexiones de Zweig sobre Europa son muy útiles para interpretar la situación actual de Europa. Zweig fundamentaba la unidad europea sobre dos bases: la identidad nacional y la fraternidad comunitaria. Cada nación enriquece la cultura europea con su propia identidad nacional, una identidad que sin embargo vive y progresa solo en la medida en que permanece anclada a la raíz cultural de nuestra tradición común. Esto significa que Europa muere con los nacionalismos, es decir, con la afirmación de una identidad nacional por encima o fuera de las demás.

¿Qué está pasando hoy? La crisis económica ha roto la armonía entre las naciones y la comunidad: aquella Europa de la que todos querían participar ahora es la madrastra de la que muchos quieren huir. Y una vez más vuelven los nacionalismos, hoy disfrazados de populismo. Contra todos ellos creo que Zweig nos diría que el siguiente paso tras el nacionalismo son las crisis culturales y sociales. La unidad europea es para Zweig el cumplimiento y el sentido de nuestra tradición que como toda tradición es un peso, en el sentido de un lastre que nos llevamos encima, y a la vez en el sentido de lo que nos da un peso, un carácter identitario. Lo uno no va sin lo otro.

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